sábado, 18 de octubre de 2014

Te olvidaste de leer

"Estaba esperando que me cayera alguna señal, 
algo que me dijera que estabas cerca. 

Me senté con un lápiz sin papel, 
entonces recordé como algo mágico 
tus ojos cristal. 

Me inundó tu mirada
te supe amar.
Me pensé especial y solo esperé. 
Sentada, esperé. 
Te esperé tanto. 

Tanto espacio. 
Tanto tiempo. 
Y yo solo me senté a esperar 
algo que jamás volvió. 

Sentí como se clavaban tus manos en mi corazón, 
hacías eso que no sé que fue. 
Pero supongo fue mi culpa. 
Hacerte sentir nada especial. 
Algo poco singular. 
Eso debió ser. 
Porque casi un año te esperé. 

Sentada. 
Amarrada a un recuerdo. 
Esperando. 

Como hoy pero menos que ayer, 
y tal vez más que mañana. 

O será que no se leer tu invisible señal. 
Tu alma curada me vino a buscar. 
Y ese aroma a decepción. 
Tu ser. Toda. 
Me sumerge en placer. 

Saberte pensando en mí me da ese poder."
Carolina Franco

viernes, 5 de septiembre de 2014

Incendio de recuerdos

La encontré entre la bruma, pesarosa. Obnubilados los cristalinos ojos. Lo veía todo a través de ella. 
Su alma rota, sus lágrimas afiladas que mataron mi atmósfera.  
Esperé en el banquito debajo de aquel árbol que habíamos plantado y cerca de donde estaría su lápida color marfil, labradas las letras en aquella calurosa tarde de aquel Abril. 
Más de veinte años pasamos, fuimos vida juntos, fuimos pasión, a veces pena y casi siempre amor. 
Una vez la vi, con la pesadez que tienen los muertos cuando por fin se van a descansar, y sin dudarlo ni un segundo me dijo que era tiempo de partir y se alejó, se desvaneció.  
Hace poco me vi hablándole al viento como si fueran sus oídos. 
¿Dónde estas mi amor?  
Diez años no fueron tantos como para desterrarte de mi memoria. Y tus ojos cristal y la lápida marfil y el terror de que todo sea una pesadilla. Si me despierto y no te veo a mi lado  
¿Qué me queda cariño mío?  
Vengo con el sueño pesado, con el cuerpo cansado y el sudor de mi frente delata la temerosa pero eficaz fiebre.  
Tan solo unos días más y olvidarás que existía, te desharás de nuestra vida. Y cada memoria borrosa se irá contigo al futuro inseguro que tu alma profesa. Y un año más, quizás dos, y a la tumba partirás y fundirás tu carne con la Madre Tierra. Y quizás en unos diez años más, y ojalá sean solo segundos, y nos volveremos a encontrar. 
Dime corazón  
¿del otro lado esperaras? o en vida me olvidarás y entre gusanos terminarán nuestras memorias, todas.

Carolina Franco Bitancurt

Ese amor

"Amo el juego de luces  
que armas con tus ojos.  
Esa mirada sonrojada. 
La sonrisa inquieta.  
Amo el temor  
que tienen tus caricias  
y la forma en que juegan 
tus manos con las mías. 
Y sobre todo amo que seas irreal  
que no existas más que en mi mente  
para que solo yo te pueda admirar."

Carolina Franco Bitancurt

No esperes el perdón

No esperes el perdón  
Que viene errante con la estocada final. 
Va clavándose en su alma. 
Va pinchando su corazón.  
Ni el espacio ni el tiempo ni las lágrimas sobre su cuerpo. 
Es temor. 
Es el error primero, 
el horror final. 
Como la turba hinchada de ira  
que me viene a buscar. 
Es el pánico. 
Es la tormenta. 
Es el dolor de verte en pena. 
La armonía de mis letras. 
Tus dolores, mis miserias. 
Es tu ser, tan vivaz y cortante.

Carolina Franco Bitancurt

sábado, 23 de agosto de 2014

Hoy

"Hoy necesito un abrazo,
un beso y un te amo.

Hoy me quedo sin tus labios,
sin tus brazos, sin tus alas.

Hoy estoy del otro lado,
solo y asustado.

Hoy no tengo nada más,
que un lápiz y un papel.

Hoy me quedan solo palabras,
las más tristes y desesperadas.

Hoy estoy inconsolable,
abatido, tan irremediable.

Hoy estoy solo llorando,
en los rincones de tus espantos.

Hoy.

Hoy necesito un abrazo,
un beso y un te amo."

Carolina Franco Bitancurt

viernes, 20 de junio de 2014

Memorias del Ayer

Su respiración era todo menos normal, lo noté en la forma en la que sus palabras no concordaban con sus ojos. ¡Ah sus ojos! Que maravillosa creación divina. Todo perfección. 
Hasta ese día jamás había visto ese gesto desesperado en su forma de moverse. Sus manos sudadas y temblorosas. Su manera de esquivar mis ojos al hablar. Su boca ladeada hacia la izquierda. No lo sé con seguridad pero me pareció que de su pecho se escuchaba un intermitente y apurado sonido, casi lo podía sentir. 
Al instante de sorprenderlo en medio de su trabajo inacabado se petrificó. Estaba tan inmutable que casi no notó que no me había sorprendido para nada. Es más seguramente debí ser yo quien saliera corriendo, pero sus piernas se me quisieron adelantar. Lo tomé del brazo y lo sostuve unos instantes. Coloqué su mirada frente a la mía al tiempo que me daba vuelta y recogía del suelo el cuchillo ensangrentado y se lo colocaba nuevamente entre los dedos. Rocé su mejilla suavemente y sin hablar apuñaló a la víctima, sin titubear. Creo que fue entonces cuando me enamoré perdidamente. Siempre había querido un hombre con seguridad. Y ya no me importó su profesión. 
No hubieron preguntas. Salimos tomados de las manos.
Creo que el había pensado en el momento que yo ya conocía su secreto. Lo cierto es que jamás me atreví a desmentirlo. Nunca habría podido reconocer que ese momento de revelación había sido el de más temor en toda mi vida. Pero, aunque sea de locos creerlo, ya estaba destinada a él desde el día primero. A mi entender no juzgarlo había sido mi mejor acto de amor; y creo que el también lo entendió así, porque unas semanas después nos casamos en una pequeña capilla en el desierto. 
Fuimos marido y mujer por más de cuarenta años hasta que la vejez lo consumió y su corazón dejó de latir aquella noche de otoño. Esparcí sus cenizas en el viejo cedro donde nos conocimos por primera vez. Y al ver como flotaba en un remolino de viento sentí como la vida se me escapaba en un último suspiro. 

Carolina Franco Bitancurt

martes, 29 de abril de 2014

Su último recuerdo

"Estoy despojando mis recuerdos, 
y contando mis silencios. 
Estoy amaneciendo en pensamientos. 

Me pareció verla 
dibujando una sonrisa 
mal pintada en una cara prestada, 
y entre la pesada niebla 
la vi divagando pesarosa. 

Estaba intentando decir algo 
pero mis oídos seguían cerrados, 
era como si en su intento por abrirlos 
ellos se cerraran buscando alivio. 

Anochecía su pena 
mientras sus ojos 
se posaban en el trémulo cielo, 
allá donde las copas de los árboles 
fueron a terminar. 

No estoy segura si creyó que soñaba 
o en su mente era un pájaro en vuelo, 
porque sus brazos se abrieron 
como queriendo abrazar el suelo. 

La última vez que logré escucharla 
ella ya no hablaba, 
pero su expresión desfigurada 
decía más que las palabras." CFB